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Cuando la preparación no es suficiente

Por Christian E. Salazar, Coordinador nacional de Redes Especializadas y Comunidad en KYBERNUS

En 2017 trabajaba como subdirector del premio Gifted Citizen, una iniciativa que fue parte de lo que hoy se conoce como el Festival de las Ideas. Al mismo tiempo era Project Manager de Pitch Palace Latinoamérica, una plataforma que reunía a emprendedores con inversionistas globales y que, en esa edición, contaría con la visita de un miembro de la Casa Real británica. 

Durante meses el equipo y yo planeamos cada detalle: permisos de seguridad, escoltas, rutas de traslado, manuales de protocolo, selección de perfiles y hasta la marca exacta del agua que debía servirse en el camerino del invitado. Teníamos un documento de más de veinte páginas con cada paso previsto. Nada podía salir mal. 

Hasta que salió. 

Minutos antes del evento, el sistema de votación digital falló: los nombres se habían cargado mal. No había margen de error. Tuvimos que improvisar boletas físicas y reorganizar toda la dinámica en tiempo récord. Y cuando creímos tener todo bajo control, en la última inspección del camerino descubrimos algo impensable: faltaba la tapa del baño

Faltaban menos de quince minutos para la llegada del príncipe. Sin tiempo para dramatizar, tomamos la decisión: se desmontó una tapa de otro baño del recinto, se desinfectó, se instaló y todo volvió a la normalidad justo a tiempo. Cuando él entró, el lugar lucía impecable. Nadie lo notó. 

Lo que aprendí de ese caos 

Esa experiencia me enseñó tres cosas que llevo conmigo desde entonces: 

  1. Saber resolver es una de las habilidades más valiosas del liderazgo. La preparación te da estructura, pero la resolución te da resultados. 
  2. Responder ante la adversidad sin perder la calma es lo que distingue a quien dirige con propósito de quien solo reacciona. 
  3. Mantener claridad de intención incluso en la emergencia es vital. No rendirse, no desesperarse, no olvidar por qué haces lo que haces. 

El apretón de manos que definió un propósito 

Al final del evento, el príncipe mandó llamar al director del festival, quien había sido mi jefe en aquel entonces. Le agradeció personalmente y le entregó una agenda con el escudo de la Casa Real Británica.
Minutos después, mi jefe salió del camerino y me dijo: —El príncipe quiere hablar contigo. 

Entré.
Él me dio la mano, me agradeció por el trabajo, por el seguimiento y por la realización del evento. Fueron palabras breves, pero para mí, cargadas de significado. 

En ese instante, entendí la magnitud de lo vivido. Yo, un joven del Estado de México, de un pueblo cuetero llamado Tultepec, que había dejado la universidad pública para apostar por una oportunidad profesional, me encontraba frente a un miembro de la familia más poderosa del mundo. Una persona que había tenido todas las condiciones posibles me daba la mano por haber cumplido con excelencia una misión que comenzó con esfuerzo, convicción y muchas noches sin dormir. 

Ese apretón de manos me reveló mi propósito: brindar oportunidades a las personas que se esfuerzan, a quienes tienen hambre de crecer

Un hambre constructiva, que forja en lugar de destruir. Porque ese día confirmé que la preparación importa, pero lo que realmente te define es cómo actúas cuando las cosas se salen del guión… y lo haces sin perder tu esencia.

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