¿Llegará a tiempo la Gran Herencia?

Cuando terminó la segunda Guerra Mundial, en el mundo había “apenas” 2,300 millones de habitantes. Y entonces llegaron los Baby Boomers, y es que entre 1946 y 1964 la población creció a más de 3 mil millones, ganándose a pulso el nombre de esa generación.
Los Baby Boomers nacieron en el momento de mayor optimismo y crecimiento económico de la historia, experimentaron la mayor expansión de clase media jamás vista y acumularon riqueza en un contexto de recursos baratos y poca regulación. No es criticarlos, al contrario, es intentar explicar por qué esa generación tiene la visión que tiene.
Mientras el mundo se recuperaba de la guerra, se aprovecharon diferentes palancas para sextuplicar el PIB entre 1950 y el 2000 (según el Banco Mundial):
- El Plan Marshall, quizá la más conocida de todas por poner en pie a Europa;
- el modelo de producción masiva, donde la fábrica fue el centro de la economía, buscando producir más y más rápido;
- la producción masiva de fertilizantes sintéticos, derivados del nitrógeno y petróleo, como búsqueda de reducción del hambre y el precio de los alimentos;
- petróleo barato hasta 1973; y
- la explosión tecnológica y la revolución de servicios, de los años ochenta y noventa fue un cambio de paradigma económico (de industrial a servicios) que, por su momento de vida, permitió a los Baby Boomers adoptar, aprovechar y capitalizar.
Todos estos hechos contribuyeron a crear la generación más rica de la historia. Para bien o para mal, esta riqueza se logró gracias a un modelo económico con mercados financieros desregulados, trabajo industrial, energía fósil barata y extracción de recursos naturales baratos. No por ser la última listada es la menos importante de las causas.
En una humanidad recuperándose del trauma de dos grandes guerras en menos de una generación y con una población todavía relativamente pequeña, era muy fácil asumir que los recursos naturales eran infinitos y que la naturaleza podría absorber cualquier nivel de residuos.
La cultura de lo desechable, la dependencia en combustibles fósiles y la degradación de suelos por el uso intensivo de fertilizantes y monocultivos son solamente algunas de las causas que pueden explicar por qué más del 60% de las emisiones de carbono desde la revolución industrial se dieron entre 1950 y el año 2000.
Pero el tiempo no perdona a nadie y, desde principios de la década del 2020, empezamos a escuchar de “la gran herencia”, esa transferencia de riqueza (se estima de entre $72 y $84 billones de dólares) que pasará de la Generación Silenciosa y los Baby Boomers hacia sus herederos, los Millennials y la Generación Z, de aquí a 2040.
Según la Reserva Federal de Estados Unidos, hoy los Baby Boomers controlan el 52% de la riqueza de su país; los Millennials solamente el 9%.
Para poner algo de perspectiva, cuando los boomers tenían la edad que hoy tienen los millennials, controlaban el 21%.
¿Qué pasa en el mundo laboral?

Recordemos que la generación Baby Boomer llegó a puestos de poder y toma de decisiones en un contexto de economías industriales en crecimiento, abundancia de recursos naturales y poca presión regulatoria en cuanto a medio ambiente.
Según el Spencer Stuart Board Index, al cierre de 2024, la edad promedio de los CEOs de las empresas listadas en el S&P 500 era de 58 años. Korn Ferry señala que el 58% de los CEOs del Fortune 500 son Baby Boomers contra solamente el 18% que son Millenials o Gen X.
Harvard Business Review nos cuenta que el liderazgo de los boomers tiende a ser jerárquico, orientado a resultados financieros trimestrales y con baja tolerancia a la ambigüedad, priorizando retorno a accionistas sobre propósito corporativo.
En contraste, Deloitte señala que los líderes millenials tienen mayor tolerancia a estructuras horizontales, han implementado métricas ESG en la toma de decisiones y más del 80% creen que los criterios de impacto social y/o ambiental son “relevantes o muy relevantes”.
De acuerdo con Deloitte, en 2030 los millenials superarán a los boomers en posiciones de liderazgo (C-Suite). Es decir, a la vez que hay una transferencia de riqueza, se está dando una transferencia en liderazgo y control de poder.
¿Y cómo se relaciona con el medio ambiente?
El relevo generacional también explica por qué seguirá creciendo la tendencia de enfrentar el cambio climático; ya que, quienes están tomando el control son precisamente quienes más lo sienten como urgencia.
Yale Program on Climate Change Communication expone que solamente el 40% de los boomers consideran el cambio climático como una amenaza seria y urgente, esto contrasta con el 66% de los millenials y el 70% de la GenZ.
La consciencia medioambiental se puede ver ejemplificada en que el 73% de los millenials está dispuesto a pagar más por productos o servicios sostenibles, cifra muy superior al sólo 44% de los boomers.
El modelo extractivo, que toma de la tierra más de lo que devuelve, fue sumamente racional en el contexto que discutíamos al inicio de artículo, ya que el incremento poblacional disparó la demanda de alimentos y, en las últimas cinco décadas del siglo XX, la producción agrícola creció 250%, aunque degradó más del 40% de los suelos agrícolas del planeta.
El Banco Mundial estima costos por externalidades del modelo extractivo global que van de los $2.7 a los $6 billones de dólares anualmente. Una deuda en degradación de suelos, contaminación de agua y pérdida de biodiversidad que tendrán que cubrir las generaciones que heredarán la riqueza financiera.
Hoy, la agricultura regenerativa gana fuerza comercialmente hablando, mientras busca restaurar suelos, capturar carbono, rehabilitar cuencas acuíferas y mantener ciclos naturales. Sin embargo, no es suficiente.
Somos testigos de una creciente ola de regulaciones y exigencia de consumidores en cuanto a fomentar economía circular, una práctica que, de acuerdo con la Ellen MacArthur Foundation, podría eliminar hasta el 45% de las emisiones globales que no provienen de energía.
De 2016 a 2022 los activos bajo gestión con criterios ESG pasaron de $22.8 billones de dólares a $40.5 billones. Para el 95% de los millenials el impacto social y ambiental influye en sus decisiones de inversión, contra el 43% de los boomers.
Esto ya no es un tema solamente de perspectiva, el doble discurso climático, en el cual la generación boomer en posiciones de liderazgo y poder, admite verbalmente la urgencia climática sin cambiar decisiones de inversión o adoptar formas distintas de producción se sustenta en los datos que hemos estado revisando.
Mientras el tiempo avanza, los cambios se dan. Los emprendedores, nuevas camadas de inversionistas y personas empujando en las estructuras corporativas, parece, están desviando el timón hacia un mundo más sustentable.
Hoy queda la duda de si una generación puede reparar con los recursos financieros heredados lo que la generación anterior destruyó al producirla. Y si, cuando se concluya la Gran Herencia, tanto financiera como en posiciones de poder y liderazgo, tendremos suficiente tiempo para reparar el daño.




