Invertir donde el mercado falla: el verdadero rol de la inversión de impacto

En noviembre de 2025, Robert Rubinstein publicó en Linkedin “The Impact Mafia: How the Elite Invented a Way to Feel Good While Doing Nothing”, un artículo sumamente crítico acerca de la inversion de impacto, cómo nace y las fallas que plantea como modelo de negocio/apoyo a emprendedores.
Como en todo en esta vida, es difícil generalizar. Sería un error, para quienes somos parte de esta industria, “ponernos el saco” como si todo lo que se dice en ese post fuera cierto o nos aplicara a nosotros. Pero también sería algo grave querer cerrar los ojos, querer defender lo indefendible o asumir que lo dicho es falaz solamente por ser sumamente crítico. En especial en términos que, parecen, fuera de discusión para los inversionistas de impacto: capital paciente, capital catalítico, blended finance, retornos de mercado con impacto, construcción de ecosistema, primeras pérdidas, asistencia técnica, teoría de cambio o medición de impacto.
Poco después, Kevin Starr publicó en Stanford Social Innovation Review “There Is No Such Thing as Impact Investment”, abre el artículo citando una consulta que le hizo a Claude acerca de la inversión de impacto y a la cual el agente de IA contestó “hay una discusión de si la definición de inversión de impacto debe evolucionar más allá de la intencionalidad hacia lograr un cambio real en el mundo y la adicionalidad del capital. El artículo concluye que la inversión de impacto debiera entrar en el ramo de la filantropía, y que debemos empezar a hablar de inversión filantrópica. Sobre todo por lo que ha sido la naturaleza de esta industria.
Tres años metido de lleno en Inversión de Impacto me han convencido de la necesidad de esta actividad para saldar la enorme deuda social que vivimos en México, Latinoamérica y el Sur Global en general, así de como solucionar la emergencia climática a la que nos estamos arrastrando inexorable y (pareciera) rápidamente por el egoísmo de muchos.
Tenía unos meses queriendo escribir esto, sin buscar refutar lo escrito por Rubinstein o Starr, pero sí abrir el diálogo y encontrar espacios donde la discusión se traduzca en accionables.
Starr dice, y con razón, que el hecho de que una idea de negocio sea sustentable no significa necesariamente que sea escalable. Bajo esta premisa, y considerando que, en la mayoría de los casos, son soluciones enfocadas en resolver problemáticas que vive la base de la pirámide, los proyectos deben estar inexorablemente alineados entre rentabilidad y propósito.
Rubinstein habla que la inversión de impacto defiende sus bajos retornos porque son malos invirtiendo, Starr empuja la inversión filantrópica para llevar empresas a que sean atractivas para la inversión comercial y de venture capital.
Y esto me lleva al primero de los temas “polémicos” que cita Rubinstein: el capital catalítico. De este tema hay mucha literatura, pero podríamos concentrarlo en dos tipos de catalicidad para la inversión de impacto:
- Ser el primer ticket, ese que se atreve a poner una valuación, en acompañar a una empresa que, pareciera no tener fit, a un mercado de capitales. Esa primera inversión que rompe uno de los círculos viciosos a los que Rubinstein hace referencia ya que, al apostar de verdad por el emprendedor y su modelo, genera un efecto dominó positivo para el emprendedor.
- O ser el inversionista con la voluntad de asumir el riesgo de invertir en el emprendedor o modelo de negocio para, valga la redundancia, generar un de-risking de cara a la fase de escalamiento del proyecto, es decir, financiar el desarrollo de habilidades, cognitivas o físicas (capex) para llevar una solución ambiental o social a mercado en condiciones competitivas al momento de una etapa de crecimiento.

Aunque esta segunda opción pudiera sonar contraintuitiva, si el Venture Capital está dispuesto a apostar sabiendo que cerca del 80% de las startups en las que va a invertir serán un write off, ¿por qué la inversión de impacto no podría apostar en habilitar capacidades que permitan una mayor tasa de éxito al llegar más maduras a rondas de levantamiento de capital “comercial”?
La madurez de los mercados y las empresas me lleva a una segunda polémica de Rubinstein: el capital paciente. En su artículo argumenta que esta definición la dan los inversionistas de impacto para “defender” que los proyectos en los que invirtieron necesitan más tiempo para alcanzar las métricas financieras aceptables para mercado y, con eso, lavarse las manos ante el mal desempeño financiero de los proyectos por los que apostaron.
Pero si nos vamos a la definición de origen, la inversión de impacto es aquella estrategia financiera que busca generar un impacto positivo, social o medioambiental, positivo y medible, de la mano de cierta rentabilidad financiera; se diferencia de la filantropía porque busca sostenibilidad económica en el largo plazo, y de la inversión tradicional porque incluye la intención explícita de generar cambios positivos.
Si analizamos las problemáticas que históricamente ha buscado solucionar con mayor interés la inversión de impacto, por citar algunas:
- Inclusión financiera y atención a población sub-bancarizada
- Acceso a servicios de salud dignos y asequibles
- Acceso a educación de calidad que se traduzca en mejora de condiciones de empleabilidad
- Acceso a vivienda y servicios básicos (agua, luz, internet, drenaje) dignos y asequibles
- Acceso a alimentación nutritiva, balanceada y asequible
Nos damos cuenta que la mayoría de estas soluciones tienen una querencia natural a ejecutar en el Sur Global, esas economías en vías de desarrollo que luchan por cerrar la brecha de desigualdad social y que, por tanto, sus mercados no cuentan con la liquidez y dinamismo con los que cuentan los países europeos, Estados Unidos, Japón o Canadá.
Esa falta de liquidez se traduce en menores oportunidades de lograr salidas para qdebe seguir madurando y aceptar que, en el corto plazo, no se tendrán retornos de fondos en el plazo inicial estimado de 10 años.
En la lista anterior no mencioné nada relacionado con problemáticas medioambientales, pero si hay algo que los mercados financieros no han entendido es que la naturaleza trabaja a su ritmo y no puedes encajonarla en un ciclo de negocios, por más que creamos que 10 años son largo plazo.
Si además de la parte de naturaleza te das cuenta que las problemáticas que más se buscan resolver son síntomas de brechas estructurales gigantescas, es completamente ilógico esperar que se dé un cambio estructural durante el periodo de vida de una inversión, y que ese cambio estructural resulte en un crecimiento acelerado como lo hacen algunas soluciones SaaS en los mercados desarrollados.
“Si encuentras un negocio que tenga profundidad de impacto y potencial de ingresos, y que ambos estén profundamente alineados, entonces tienes una joya en tus manos, y debes hacer todo lo posible para llevarla al punto en el que sea atractiva para la inversión comercial” (o inversión de VC). – Kevin Starr
Y en ese hacer todo lo posible entra la construcción de ecosistema con redes de mentores, corporativos aliados dispuestos a pilotear soluciones, otros inversionistas dispuestos a absorber riesgos similares y personas en general que compartan la convicción y misión de vida de dejar un mejor mundo de cómo lo recibieron. Si el camino del emprendedor (los inversionistas también lo son de cierta forma) tradicional es largo y lleno de retos, el de un emprendedor social lo es aún más, por lo que encontrar a “compañeros de viaje” que vivan situaciones similares, siempre ayuda a reducir la carga emocional.
Además de esta red de apoyo, los emprendimientos sociales requieren innovación y creatividad en los esquemas de financiamiento; el capital catalítico no necesariamente se debe aportar mediante capital. Cuando hablamos de blended finance podemos abarcar desde asistencia técnica, financiada mediante grants, hasta capital otorgado con plan de salida en una especie de acciones redimibles, pasando por créditos que paguen el principal acorde con el desempeño financiero, o que la tasa se defina por el desempeño de impacto, grants convertibles o bonos sociales.
Las posibilidades son tan amplias como la imaginación humana y, en este espacio, la filantropía y la inversión de impacto debieran cruzar y emparejar unos caminos que, por lo menos en Latinoamérica, parece van tan paralelos que nunca coinciden.
Todo esto para decir que, guste o no, por definición, la inversión de impacto requiere capital paciente, ser catalíticos en etapas clave del desarrollo de proyectos, apostar por innovar en esquemas y herramientas de financiamiento, construir y desarrollar un ecosistema que se apoye e impulse y que, por lo mismo, no es para todos los modelos de negocio, ni para todas las etapas de negocio y, mucho menos, para todos los inversionistas.
No es la solución final, mucho menos la única, pero sí es algo necesario para cerrar brechas estructurales y desarrollar habilidades en la sociedad donde muy pocos se atreven a llegar; sobre todo en sociedades donde el gobierno y el capitalismo tradicional han quedado tanto a deber en lograr equidad para todos los habitantes.




