
Kapital empezó en 2019 como una plataforma sencilla de préstamos para PyMEs mexicanas. Usaba datos del SAT, facturas electrónicas y open banking para aprobar créditos en horas, cuando los bancos tradicionales tardaban semanas. En menos de tres años ya era rentable mes con mes, algo que casi ninguna fintech latinoamericana ha logrado tan rápido. Ese arranque le permitió atraer inversión temprana y enfocarse en un nicho claro: empresas con 10-100 empleados y facturación anual de 2-10 millones de dólares, que generan más del 50% del PIB en México pero solo reciben el 15% del crédito bancario.
En 2023 dio el primer salto real: compró Banco Autofin por 50 millones de dólares. No pidió una licencia nueva, que en México puede tomar hasta tres años, sino que adquirió una existente y la vació por dentro: mantuvo el cascarón regulatorio y reemplazó todo el software por el suyo. Con eso pasó de tener cero captación bancaria a 3,000 millones de pesos casi de inmediato, e integró nichos como crédito vehicular y retail para PyMEs. Para finales de 2023, ya reportaba una cartera bruta de 2,000 millones de pesos y operaciones en México y Colombia, con un modelo que combinaba lending (60% de ingresos) con SaaS para pagos y facturación (40%).
El verdadero punto de inflexión llegó en 2025. En agosto cerró la adquisición de Intercam, casa de bolsa, fideicomisos, 60 sucursales y 180,000 clientes, por otros 100 millones de dólares. Dos meses después levantó una Serie C de hasta 100 millones más y alcanzó valuación de unicornio. En septiembre ya era grupo financiero pleno y en octubre reportaba 45,000 millones de pesos en captación, más del triple de lo que tenía en marzo del mismo año.
En octubre, reportaba 300,000 clientes (sumando los de Intercam), captación de 45,000 millones de pesos (+241% desde marzo) y cartera de 21,600 millones de pesos (+127%), con activos totales en 3,000 millones de dólares. Eso lo posiciona entre los 15 grupos financieros más grandes de México, con 70% de depósitos a plazo fijo para fondeo estable.
Hoy, el 70-80% de su operación sigue siendo PyME: préstamos a medida, facturación electrónica, pagos masivos y analytics. El resto lo completa con productos retail, cuentas de inversión y débito para personas físicas, que le sirven sobre todo para captar depósitos baratos a tasas atractivas (8% GAT nominal hasta el 20 de diciembre de 2025, con GAT real de 3.98%). La plataforma, accesible vía app en cinco minutos, incluye tarjetas internacionales, transferencias 24/7 y seguridad con tokens únicos. Es banca híbrida: digital al 100%, pero con sucursales heredadas para cierre de operaciones físicas.
La estrategia fue siempre la misma: cuando la regulación se convierte en cuello de botella, cómprale el banco al que ya tiene la licencia y reconstruye todo con tu tecnología. Así evitó las auditorías operativas de 180 días que todavía enfrentan Nu, Klar o Plata, y llegó a ser un banco rentable antes que cualquiera de ellos.
Tiene riesgos claros: casi un tercio de sus depósitos está concentrado en los 20 clientes más grandes (típico en banca PyME), y su crecimiento depende mucho del nearshoring y la manufactura mexicana, con morosidad entre 3.1% y 4.2%. Pero también tiene margen: utilidades netas de 75 millones de pesos en Q1 2025, ROA positivo y planes concretos de salir a bolsa en BMV y NYSE dentro de tres años, con roadshows a partir de 2026. René Saúl, CEO, lo ve como pre-IPO: inyectar liquidez local y global para Perú y Chile en 2026.
Kapital no inventó nada revolucionario en producto; simplemente ejecutó mejor y más rápido que nadie la fórmula de comprar infraestructura regulatoria existente y digitalizarla por completo. En un ecosistema donde la mayoría de las fintech aún pelea por convertirse en banco, Kapital ya es banco, genera ganancias y se prepara para expandirse. Esa es la diferencia real al cierre de 2025.




