Medir para transformar: las empresas que ponen el impacto al centro

En el marco de Impact Days 2025, un espacio impulsado por Promotora Social México, Impact Ventures PSM e Impact Hub Ciudad de México, se llevó a cabo el panel “¿Cómo medir el impacto en las empresas?”, con la participación de líderes del sector corporativo y de medición de impacto en América Latina. El panel fue moderado por Carla Grados, codirectora para América Latina en 60 Decibels.
La conversación dejó en claro que medir impacto ya no es opcional: es una herramienta esencial para tomar decisiones más justas, estratégicas y responsables. Representantes de Bayer México, El Puerto de Liverpool, Sistema B y 60 Decibels compartieron experiencias concretas sobre cómo están integrando la sostenibilidad y la evaluación de impacto en el corazón de sus operaciones.
Alejandra Menache, de Bayer México, presentó iniciativas en salud, consumo y agricultura, destacando proyectos como Cultivando Mejores Vidas y Reinventa el Campo. Subrayó la importancia de combinar metodologías cuantitativas con alianzas estratégicas para generar evidencia útil y accionable.
Desde El Puerto de Liverpool, Antonio García Cancino habló de cómo su estrategia de sostenibilidad se despliega en seis ejes, alineados a estándares internacionales como la ISO 26000. Hizo énfasis en la necesidad de comunicar el impacto con un lenguaje claro, accesible y genuino: “Si mi mamá no entiende lo que hago, ¿cómo lo va a entender el mundo?”
Javier Herrero, de Sistema B México, recordó que la empresa puede ser una fuerza para el bien y que medir impacto permite tomar decisiones complejas, pero coherentes. Explicó cómo la Evaluación B mide áreas clave como gobernanza, trabajadores, comunidad, medioambiente y clientes, empujando a las empresas a operar con integridad.

Ramiro Rejas, de 60 Decibels, compartió hallazgos de un estudio que reunió más de 30,000 voces en 18 países. Mostró que las empresas que escuchan a sus usuarios logran no solo mayor impacto, sino también mayor lealtad y satisfacción del cliente. “El impacto no es una promesa: es una percepción real del usuario”, afirmó.
El panel también abordó retos importantes, como la falta de capacidades técnicas en algunas organizaciones, la dificultad de traducir datos complejos a mensajes comprensibles, y el riesgo de caer en prácticas de greenwashing o social washing.
Más que una obligación, medir el impacto se reveló como una oportunidad para mejorar, aprender y conectar con lo que realmente importa. Las empresas que lo están haciendo bien no son las que tienen todo resuelto, sino las que se atreven a escuchar, a cuestionarse y a tomar decisiones desde una visión más amplia. El mensaje fue claro: cuando el impacto se mide con honestidad y propósito, deja de ser un reporte y se convierte en una brújula para transformar lo que hacemos y cómo lo hacemos.




