Tu puesto no eres tú: el riesgo de convertir el trabajo en nuestra identidad
Perder un empleo no significa únicamente dejar de recibir un sueldo. También puede implicar perder una rutina, un sentido de pertenencia, estatus, propósito y hasta la idea que una persona tiene de sí misma. Para Juan Carlos Colín, Founder & CEO de El Coach Godín, reconocer ese proceso como un duelo puede ser el primer paso para construir una nueva etapa profesional.
Hay momentos en la carrera profesional en los que una persona no solamente pierde un trabajo. Pierde también la estructura alrededor de la cual había construido buena parte de su vida: deja de tener una rutina, cambia su relación con sus antiguos compañeros, desaparece un título que durante años explicó quién era frente a los demás y, en algunos casos, también se pierde el sentido de propósito que encontraba en ese lugar.
Por eso, Colín plantea que una transición profesional no debería entenderse únicamente como el periodo entre un empleo y el siguiente. “Lo que sientes tiene nombre. Es un duelo”, explica al hablar de lo que ocurre cuando termina una etapa laboral.
No solo pierdes un empleo
Cuando termina una relación laboral, el sueldo es apenas una de las pérdidas posibles. En su presentación, Colín identifica seis elementos que pueden verse afectados: ingreso, rutina, identidad, pertenencia, estatus y propósito. El trabajo puede ser el lugar donde construimos relaciones, obtenemos reconocimiento, organizamos nuestros días y encontramos una parte importante de nuestro sentido de identidad.
Por eso, Colín lo resume en una frase: “Pierdes el lugar desde donde entendías quién eres.” La pérdida, entonces, no consiste solamente en dejar una empresa, sino en dejar el lugar desde el cual una persona había aprendido a reconocerse.
Durante años es común responder quiénes somos a partir de lo que hacemos. El puesto se convierte en una presentación automática: director, gerente, emprendedor, consultor, fundador o responsable de un equipo. Mientras esa posición existe, puede ser difícil notar cuánto peso tiene sobre nuestra identidad. La dificultad aparece cuando desaparece.
“El trabajo puede ser una parte importante de quién eres, pero cuando se convierte en toda tu identidad, perderlo significa sentir que también perdiste una parte de ti”, explica Colín. La distinción resulta particularmente importante durante una transición profesional, porque buscar rápidamente el siguiente puesto puede resolver una necesidad económica, pero no necesariamente responde a lo que está ocurriendo emocionalmente. Quizá la pregunta no sea solamente qué trabajo sigue, sino quién soy ahora.
El duelo laboral existe
Colín propone no minimizar lo que sucede después de una pérdida laboral. En la presentación, el duelo es explicado como una respuesta natural ante la ruptura de un vínculo significativo y se señala que puede afectar a la persona física, emocional y espiritualmente, además de producir cambios profundos en sus valores, creencias y actitudes.
La conclusión de Colín es directa: “Tu vínculo con el trabajo era real. La pérdida también.” Reconocerlo puede ayudar a quitarle una carga adicional a quien atraviesa una transición. No necesariamente está exagerando ni le falta resiliencia; está procesando la ruptura de un vínculo que podía haber ocupado un lugar importante en su vida.
El proceso, además, no ocurre necesariamente de manera ordenada. Colín presenta cinco estados —negación, ira, negociación, tristeza y aceptación—, pero hace una precisión importante: no son lineales ni tienen un tiempo fijo. Puede haber días en los que una persona se sienta lista para comenzar de nuevo y otros en los que vuelva a sentir el peso de lo que perdió.
“Una transición profesional no se vive en línea recta. Puedes sentir que avanzaste y al día siguiente volver a sentirte perdido. Eso también forma parte del proceso”, señala Colín. La idea resulta especialmente relevante en una cultura laboral que suele premiar la velocidad: salir, reinventarse y volver rápidamente al mercado. Pero no todo proceso de cambio puede acelerarse.
Antes de abrir una puerta nueva
La siguiente pregunta es qué hacer con todo aquello que queda después de la pérdida. La respuesta de Colín no es buscar inmediatamente algo que sustituya lo anterior. En su ejercicio de cierre plantea tres preguntas: “¿Qué perdí realmente, más allá del sueldo?”, “¿Qué aprendí de esa etapa?” y “¿Qué cierro hoy, con consciencia?”
Las preguntas obligan a mirar la experiencia desde otro lugar: no solamente qué salió mal, cuánto dinero se dejó de ganar o qué viene después, sino qué representaba realmente aquella etapa y qué aprendizajes pueden conservarse. De ahí surge una de las frases centrales de la sesión: “No abres una puerta nueva con las manos llenas.”
Para Colín, cerrar una etapa no significa borrar lo vivido. “Cerrar una etapa no significa olvidar lo que construiste. Significa reconocerlo, aprender de ello y decidir conscientemente qué quieres llevar contigo hacia la siguiente”, plantea. El objetivo no es quedarse atrapado en el pasado, sino entenderlo antes de intentar construir lo que sigue.
La meta no es volver a ser quien eras
La sesión termina llevando la conversación un paso más allá. Después de hablar de la pérdida, del duelo y del cierre, Colín introduce el concepto de eudaimonía, que presenta como un estado de florecimiento y como la posibilidad de vivir en armonía con la mejor versión de uno mismo.
Por eso, la recuperación de una transición profesional no necesariamente consiste en volver al estado anterior. “Esto no termina en ‘volver a estar bien’”, plantea Colín. La pregunta puede ser entonces qué puede construirse después de una pérdida.
Si el trabajo ocupaba una parte demasiado grande de nuestra identidad, una transición también puede convertirse en una oportunidad para ampliarla. El puesto puede cambiar, la empresa puede desaparecer de nuestra vida y la profesión puede incluso tomar otro rumbo, pero eso no significa que nuestra identidad tenga que desaparecer con ellos.
Quizá el reto de una transición profesional no sea encontrar rápidamente otro lugar que nos diga quiénes somos, sino aprender a responder esa pregunta por nosotros mismos.




