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Ian Beckmann Legorreta: cuando la madera se convierte en destino

Hay personas que encuentran su oficio temprano. Y hay otras que necesitan probar distintos caminos antes de descubrir aquello que, en realidad, siempre estuvo frente a ellas.

Para Ian Beckmann Legorreta, la respuesta estaba en la madera.

Diseñador industrial de formación, Ian ha vivido en distintos lugares de México —desde Valle de Bravo y Comala hasta Colima, Guadalajara y Ciudad de México— y ha pasado por prácticamente todo tipo de trabajos: fabricación de mobiliario, despachos de arquitectura, bares y restaurantes, instalación de aires acondicionados e incluso una etapa como marinero a bordo de un velero.

Probó, aprendió, se movió y volvió a empezar. Hasta que decidió dejar de buscar qué trabajo hacer y dedicarse a aquello que siempre había despertado su curiosidad: trabajar la madera.

Hoy, desde su taller en Valle de Bravo, convierte troncos y maderos en esculturas de gran formato y piezas únicas. Pero buena parte de la historia comienza mucho antes de que una pieza llegue al taller.

Los árboles que cuentan historias

Muchos de los maderos que Ian utiliza provienen de los terrenos del rancho de su padre, en Colima. Son árboles que han caído de manera natural y que, lejos de terminar abandonados, encuentran una segunda vida en sus manos.

Ian los selecciona personalmente.

No se trata simplemente de encontrar un tronco y decidir qué hacer con él. Antes de comenzar a trabajar, observa la forma, las vetas, las grietas, los nudos y las imperfecciones de cada pieza. Imagina qué puede llegar a ser y, a partir de ahí, comienza el proceso de transformación.

La madera no llega al taller como una materia prima cualquiera. Llega con una historia, una forma y una personalidad propia.

Y es Ian quien intenta descubrirla.

Su relación con la madera viene, además, de mucho antes de convertirse en oficio. Su infancia transcurrió entre las palmas y las distintas especies que crecían en los terrenos del rancho y vivero familiar. Ahí nació una conexión con la naturaleza que con los años terminaría encontrando una expresión concreta en su trabajo.

También creció rodeado de personas para quienes crear era una forma natural de vivir.

Cortesía de Ian Beckmann Legorreta
Cortesía de Ian Beckmann Legorreta

Una familia acostumbrada a crear

El apellido Legorreta está profundamente vinculado con la arquitectura y el arte mexicano. Su abuelo fue Ricardo Legorreta, uno de los arquitectos mexicanos más reconocidos internacionalmente.

Su madre, Elisa Legorreta, es artista visual y plástica. Con más de tres décadas de trayectoria, ha construido un lenguaje propio a través de técnicas mixtas y una obra cargada de simbolismo, exhibida en distintos espacios culturales y presente en colecciones privadas en México y el extranjero.

Su padre, Walter Beckmann, es diseñador y fabricante de mobiliario de diseño, además de tener una particular pasión por los viveros y las plantas.

En ese ambiente, la frontera entre arte, diseño, arquitectura y naturaleza prácticamente no existía.

Y esa influencia también alcanzó a sus tres hermanas.

Isolde es diseñadora gráfica y su trabajo la llevó a establecerse en Zúrich. María es arquitecta de interiores especializada en el diseño de espacios comerciales, turísticos y habitacionales, y dirige una firma de mobiliario que lleva su nombre, además de una línea de lámparas de cobre. Aline, por su parte, eligió el cine, desarrollándose en distintas áreas que van desde el guion y la dirección hasta la investigación y verificación histórica.

En una familia donde cada integrante encontró su propia manera de crear, Ian terminó encontrando la suya.

La madera.

Cortesía de Ian Beckmann Legorreta
Cortesía de Ian Beckmann Legorreta

Del diseño al oficio

Aunque estudió Diseño Industrial, el camino hacia su taller no fue directo.

Antes de dedicarse por completo a la escultura, Ian trabajó en distintos ámbitos. Fabricó mobiliario, colaboró con despachos de arquitectura, trabajó en bares y restaurantes, instaló equipos de aire acondicionado y hasta se embarcó como marinero en un velero.

Más que una lista de empleos, ese recorrido terminó convirtiéndose en una escuela práctica.

Cada experiencia le permitió entender materiales, espacios, procesos, herramientas y, sobre todo, la relación entre una idea y su ejecución.

Pero también habla de su personalidad: una inquietud constante por experimentar, aprender haciendo y mantenerse en movimiento.

Ese espíritu encontró su lugar en Valle de Bravo.

Cortesía de Ian Beckmann Legorreta
Cortesía de Ian Beckmann Legorreta

Vivir donde otros van de fin de semana

Para Ian, Valle de Bravo no es solamente el lugar donde está su taller. Es el entorno que eligió para construir su vida.

Ahí tiene cerca el bosque, la presa y los caminos de montaña. Puede moverse en moto, en monopatín o en bicicleta y recorrer diariamente los alrededores. La naturaleza forma parte de su rutina, no sólo del paisaje que contempla desde el taller.

Esa relación con el movimiento tampoco es casual.

Ian es un apasionado de las motos, los autos y la velocidad. Hay algo en esa afición que conecta con la manera en que ha construido su propia trayectoria: curiosidad, movimiento, máquinas, riesgo y la búsqueda constante de nuevas experiencias.

Valle de Bravo le permite combinar ambas cosas: la intensidad del movimiento y la posibilidad de trabajar con calma.

Por un lado, las motos, los autos, la bicicleta y los caminos de montaña. Por otro, los árboles, la madera, las herramientas y las horas frente a una pieza.

Es ahí donde parece haber encontrado equilibrio.

Cortesía de Ian Beckmann Legorreta
Cortesía de Ian Beckmann Legorreta

Construir un nombre, pieza por pieza

Desde su taller, Ian trabaja principalmente piezas únicas y bajo encargo. Sus esculturas están pensadas para convivir con los espacios: casas contemporáneas, proyectos de arquitectura, interiores rústicos, jardines y ambientes donde la madera puede convertirse no sólo en un objeto decorativo, sino en un punto de atención.

Trabaja de cerca con galeristas, arquitectos y despachos de arquitectura, además de desarrollar piezas para clientes particulares.

Pero hay algo particularmente interesante en la manera en que ha construido su nombre: buena parte de sus proyectos han llegado por recomendación.

Boca en boca.

En una época en la que los artistas y diseñadores pueden construir audiencias completas a través de las redes sociales, Ian ha seguido un camino más orgánico.

Una pieza llega a una casa. Alguien la ve. Pregunta quién la hizo. Esa persona lo recomienda a alguien más. Un arquitecto conoce su trabajo. Un galerista se interesa. Un nuevo cliente encarga una pieza.

Y así, poco a poco, la obra comienza a hablar por su creador.

Ese proceso tiene algo de coherencia con su propia manera de trabajar. Ian no produce en serie. No busca que todas sus piezas sean iguales. Cada madero plantea una posibilidad distinta y cada escultura termina siendo, en buena medida, un diálogo entre el material y quien lo trabaja.

Cortesía de Ian Beckmann Legorreta
Cortesía de Ian Beckmann Legorreta

Una nueva vida para la madera

Quizá por eso su trabajo puede entenderse también como una conversación con el árbol.

Él no parte de un bloque perfecto ni de una materia prima diseñada para ser transformada. Parte de algo que ya tiene una historia: un árbol que creció, que cambió con el clima, que desarrolló sus propias formas y que finalmente cayó.

Su trabajo comienza ahí.

En observarlo.

En imaginar qué puede convertirse.

Y después, en quitar lo necesario para permitir que aparezca la pieza.

A sus espaldas hay una familia que lleva generaciones creando, pero su obra no busca replicar ninguna de esas trayectorias. Ian está construyendo la propia.

Desde Valle de Bravo, entre el bosque, la presa, los caminos de montaña y un taller lleno de madera, está convirtiendo una pasión de toda la vida en un oficio.

Las motos y los autos representan la velocidad; la bicicleta, el movimiento; el bosque, la naturaleza. Y la madera, quizá, el punto donde todas esas inquietudes terminan encontrándose.

Mientras sus piezas comienzan a ocupar nuevos espacios —en proyectos arquitectónicos, casas, galerías y colecciones privadas— Ian Beckmann Legorreta empieza también a hacerse de un nombre propio dentro del mundo del arte y el diseño.

Uno que, apropiadamente, está construyendo pieza por pieza.

José Manuel Aguirre

Apasionado por el emprendimiento, la innovación, el impacto social y el desarrollo humano. Colabora con organizaciones y líderes para conectar ideas, personas, capital y oportunidades que generan cambios positivos en la sociedad.

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