Incode: verificar la edad sin exponer la identidad, el nuevo reto para proteger a menores en internet
La protección de niñas, niños y adolescentes en internet está entrando en una nueva etapa. A medida que gobiernos y plataformas buscan establecer controles para evitar que los menores accedan a determinados contenidos y servicios, aparece una pregunta cada vez más relevante: ¿cómo comprobar la edad de una persona sin convertir esa verificación en una nueva amenaza para su privacidad?
La discusión está cobrando fuerza también en México, donde comienzan a plantearse medidas similares a las que ya se analizan o implementan en otros países para exigir mecanismos de garantía de edad en determinadas plataformas digitales.
El desafío es especialmente relevante frente a los riesgos que enfrentan los menores en línea. De acuerdo con el estudio Disrupting Harm México, presentado en junio de 2026 por UNICEF, ECPAT International e Interpol, uno de cada ocho adolescentes internautas en México sufrió explotación o abuso sexual facilitado por tecnologías digitales, equivalente a alrededor de 1.6 millones de casos.
Al mismo tiempo, más de 30 leyes o marcos regulatorios relacionados con la garantía de edad ya están vigentes en diferentes partes del mundo, incluyendo Reino Unido, Australia, Brasil y algunas regiones de Estados Unidos.
Comprobar la edad no necesariamente significa conocer la identidad
La llegada de estos controles plantea un dilema.
Por un lado, las plataformas necesitan mecanismos más confiables para determinar si una persona cumple con la edad requerida para acceder a determinados contenidos o funcionalidades. Por otro, pedir documentos oficiales, almacenar información biométrica o conservar imágenes faciales puede crear nuevos riesgos de privacidad.
Ahí aparece una distinción que comienza a tomar relevancia: verificar la edad no tiene por qué significar verificar la identidad.
La tecnología permite que una plataforma determine si un usuario está por encima o por debajo de un determinado umbral de edad sin necesariamente conocer su nombre, su fecha exacta de nacimiento o conservar una identificación oficial.
Para Incode, compañía especializada en identidad digital y prevención de fraude, este enfoque puede convertirse en una pieza importante de la nueva generación de controles de edad.
“Proteger a los menores y a los datos personales no son objetivos opuestos”.
La compañía sostiene que la tecnología actual permite comprobar el cumplimiento de una edad determinada sin necesidad de conocer la identidad del usuario ni conservar su rostro.

El reto: controles que realmente funcionen
La privacidad, sin embargo, no es el único desafío.
Los mecanismos de verificación de edad también deben ser suficientemente robustos para evitar que los usuarios, especialmente los menores, puedan evadirlos con facilidad.
Una encuesta de Internet Matters sobre las medidas implementadas a partir de la Online Safety Act en Reino Unido muestra esta tensión. Aunque 39% de los padres y 42% de los niños considera que internet se ha vuelto más seguro recientemente, 46% de los menores encuestados considera que los controles de edad son fáciles de eludir.
Además, 32% reconoce haberlos evadido, por ejemplo, utilizando una fecha de nacimiento falsa. Y 53% afirma que ya le han solicitado confirmar su edad en al menos una plataforma.
Los datos apuntan a una conclusión: implementar un control no necesariamente significa resolver el problema. El mecanismo tiene que ser efectivo y, al mismo tiempo, suficientemente respetuoso de la privacidad para generar confianza.
IA directamente en el dispositivo
En este contexto, Incode desarrolló una tecnología de estimación de edad basada en inteligencia artificial que procesa la información directamente en el teléfono, tableta o computadora del usuario.
El sistema analiza localmente el rostro y determina si la persona cumple con el umbral de edad definido por la plataforma. La diferencia está en que el sistema no necesita almacenar la imagen: lo que se comparte es únicamente el resultado de la estimación.
La tecnología también incorpora detección de vida (liveness) para determinar si frente a la cámara existe una persona real y no una fotografía, un video pregrabado o un deepfake.
A esto se suma el análisis de información no biométrica relacionada con la sesión para identificar posibles intentos de manipulación.
El objetivo es crear una barrera adicional frente a quienes intenten evadir los controles, sin convertir el proceso de verificación en una recopilación permanente de datos personales.
México, un mercado particularmente relevante
El debate adquiere una dimensión particular en México por el nivel de adopción de internet entre niños y adolescentes.
De acuerdo con la ENDUTIH 2025 del INEGI, 85.4% de la población de entre 6 y 14 años utiliza internet. El teléfono inteligente, además, se ha consolidado como uno de los principales dispositivos para acceder al entorno digital.
Esto abre la posibilidad de que tecnologías de estimación de edad puedan ejecutarse directamente en los dispositivos que los menores ya utilizan cotidianamente.
La discusión, por lo tanto, no se limita a qué tan estrictos deben ser los controles, sino a cómo diseñarlos para que sean efectivos, proporcionales y respetuosos de la privacidad.
Hacia una nueva generación de confianza digital
La discusión sobre la edad en internet refleja un cambio más amplio en la manera en que las plataformas están abordando la identidad y la confianza digital.
Durante años, verificar a una persona significaba pedirle cada vez más información: nombre, fecha de nacimiento, documentos, fotografías o datos biométricos.
La siguiente generación de tecnología apunta hacia otro modelo: demostrar que se cumple una determinada condición sin revelar necesariamente quién eres.
Para proteger a los menores, esta distinción podría ser fundamental. Porque el reto de internet no consiste únicamente en saber quién está detrás de una pantalla, sino en encontrar mecanismos que permitan establecer límites adecuados sin crear nuevos riesgos para quienes utilizan las plataformas.
En ese equilibrio entre seguridad, privacidad e inteligencia artificial se está definiendo una de las conversaciones más importantes sobre el futuro de la identidad digital.
Con información de Comunicae




