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CoatíPay quiere construir los pagos para un mundo donde también compran las máquinas

La startup mexicana CoatíPay comenzó con una pregunta aparentemente sencilla. ¿Por qué un refrigerador que sabe que se acabó la leche no puede simplemente comprarla? La respuesta llevó a sus fundadores a cuestionar una premisa que durante décadas ha estado detrás de la infraestructura de pagos, que quien compra siempre es una persona.

Hay un refrigerador que sabe que se acabó la leche.

Puede estar conectado a internet. Puede saber qué necesita, comparar precios y, eventualmente, elegir dónde comprarlo.

Pero no puede pagar.

La pregunta, que podría parecer una anécdota sobre el futuro de los dispositivos inteligentes, llevó a Luis Campos, cofundador y CEO de CoatíPay, y José Manuel Aguirre, cofundador y CSO, a un problema mucho más cercano: los sistemas de pago no fueron diseñados para que el software compre por sí mismo.

“Mientras más la exploramos, más claro se volvió que el problema no era que le faltara inteligencia. Era que toda la infraestructura de pagos fue diseñada bajo una misma suposición: que quien compra es una persona”, explica Campos.

La llegada de los agentes de inteligencia artificial hace que esa limitación sea cada vez más evidente.

Hoy un agente puede investigar, comparar opciones, consultar una API y tomar decisiones. Pero cuando necesita pagar por un servicio, normalmente tiene que detenerse y esperar que una persona abra una cuenta, introduzca una tarjeta o confirme una transacción.

La inteligencia ya está ahí. Falta infraestructura para que pueda actuar económicamente.

Ese es el espacio en el que CoatíPay está construyendo.

La startup desarrolla un riel de pagos abierto y no custodial que permite a comercios, plataformas, aplicaciones y agentes de software cobrar en USDC sobre Base. Los fondos se mueven directamente entre quien paga y quien cobra, sin pasar por CoatíPay.

La compañía comenzó resolviendo un problema más inmediato: facilitar los cobros internacionales y las suscripciones para empresas que operan entre distintos países.

Pero la infraestructura también puede servir para algo que apenas comienza a tomar forma: pagos entre máquinas.

Un agente que necesita consultar datos podría pagar por una API. Un software podría contratar capacidad de cómputo. Una aplicación podría consumir un servicio y pagarlo automáticamente.

En lugar de un checkout diseñado para una persona, la transacción podría ocurrir como parte de la propia interacción entre dos sistemas.

“Llevamos meses trabajando en esta idea pensando qué tendría que cambiar para que el software también pueda pagar”, dice Campos.

Es una apuesta todavía incipiente, pero parte de una transformación que ya está ocurriendo: cada vez más decisiones que antes tomaban personas empiezan a ser tomadas por software.

La pregunta, entonces, cambia.

Si los agentes de IA van a investigar, decidir y actuar por nosotros, ¿por qué tendrían que seguir pagando como nosotros?

El refrigerador que compra su propia leche todavía parece lejano.

Pero alguien tiene que construir el riel de pagos antes de que llegue ese momento.

CoatíPay quiere ser parte de esa infraestructura.

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