Alimentar el mundo cuidando a quien lo alimenta

GoodSam Foods es una empresa del portafolio de inversiones de Impact Ventures PSM. Su propósito social, su enfoque en trabajar con pequeños productores del sur global (en especial en Latinoamérica) y su convicción de que re-imaginar un sistema alimenticio es posible desde la disposición a escuchar, colaborar y cuidar a los pequeños productores, hace que, oficialmente, me declare “fan” de esta marca.
Hace poco, su fundadora publicó en Instagram un post que me voló la cabeza (lo puedes ver aquí), un carrusel de imágenes que radiografía en una sola foto algunos de los principales problemas de la industria alimentaria.
No quiero entrar en sus siete declaraciones, pero sí me llamaron la atención para discutir, y fortalecer con datos, algunas de ellas (en el original están en inglés, las traduzco conforme las voy explorando para facilitar la lectura).
La comida barata no es barata. Alguien más está pagando el precio
Hay un reporte publicado en 2021 por la Rockefeller Foundation llamado “True Cost of Food” en el que se estima que en el sistema alimentario de Estados Unidos se generan $2.1 billones de dólares en costos ocultos al año, que es más del doble del valor de los alimentos vendidos.
El mismo reporte señala externalidades ocultas hacia la salud de los seres humanos y del medio ambiente por cerca de $20 dólares por cada dólar vendido. Una estimación de la FAO, señala que de los $700 billones de dólares anuales de subsidios globales al sector agrícola, el 87% va para prácticas dañinas para el medio ambiente.
La OIT estima que, en la cadena de valor de Latinoamérica, entre el 40% y el 60% de la mano de obra agrícola es familiar no remunerada. Trabajo “invisible” de mujeres y niños que subsidian el precio “barato” de productos como el chocolate en mercados desarrollados.
Por su parte, Fairtrade International reporta que el agricultor de cacao en países de la región, como Colombia o Ecuador, recibe entre el 3% y el 6% del precio final de una barra de chocolate vendida en Estados Unidos.
Con estos datos, no sorprende el por qué hay tanta pobreza rural en nuestra región.
Si los productores/granjeros no pueden construir su vida en el campo, no hay manera de tener un sistema de comida sustentable
Ya son muchos los foros que alertan del envejecimiento en el campo. Desde hace algunos años, la FAO y la CEPAL mencionan que la edad promedio de los agricultores a nivel mundial es superior a los 60 años. En el ecosistema de emprendimiento, innovación y venture capital, tomamos este dato como posible explicación a por qué no se ha logrado una disrupción tecnológica en el sector, alarmándonos de que los jóvenes emigran a las ciudades en busca de una vida mejor, inclusive, la FAO proyecta que Latinoamérica podría perder el 30% de su fuerza laboral agrícola para 2040.
No es de extrañar que se dé esta migración, sobre todo cuando, con datos de ingresos, puedes respaldar las condiciones de pobreza en la que viven los pequeños productores.
Según la USDA, el 40% de los agricultores de Estados Unidos pierden dinero en sus operaciones anuales. Fairtrade International reportó en 2022 que el ingreso promedio de un agricultor de cacao en África Oriental es de $1.69 dólares al día, la Federación Nacional de Cacaoteros de Colombia estima el ingreso diario de un productor promedio de ese país (3 hectáreas) en $2.20 dólares. Ambas cifras por debajo de la línea de pobreza. Hay un dicho que tienen los agrónomos que se nos olvida muy fácil al resto de los profesionales:
“Al menos una vez en la vida necesitarás un médico, un abogado, un arquitecto o un policía, pero tres veces al día, todos los días, necesitas a un agricultor”.

Hacer lo correcto por lo general cuesta más, toma más tiempo y se desarrolla más lento
Por visitas de campo, capacitación de agricultores, certificación, trazabilidad y pagos de prima, según la ITC, marcas que trabajan con modelo de compra directa al agricultor incurren en costos de gestión de su cadena de suministro entre 3 y 5 veces mayores a las que compran a través de intermediarios.
Una estimación de mercado de SPINS Natural Products y Nielsen, publicada en 2023, señala que aún cuando el mercado de alimentos sostenibles de Estados Unidos creció entre 8% y 10% anual entre 2018 y 2023 (el mercado general de alimentos entre 2% y 3%), las marcas individuales que operan con cadenas éticas crecen más lento en sus primeros años porque no pueden competir en precio ni en inversión de marketing con las marcas convencionales. Esto se traduce en que es 3 veces más costoso para una startup de alimentos sostenibles llegar a distribución nacional de lo que le toma a una marca convencional en Estados Unidos.
Esta data la podemos ligar también con la declaración de la publicación que afirma que Un empaque bonito te dice prácticamente nada de lo que hay adentro. Y es que un estudio de la Comisión Europea en 2021 analizó 344 afirmaciones ecológicas en empaques de productos de consumo y encontró que el 53% eran vagas, engañosas o infundadas; además, el 40% no tenían ninguna evidencia de respaldo.
Una investigación de Cornell Food and Brand Lab documentó el efecto “health halo”, el cual consiste en que los consumidores sobreestiman sistemáticamente el valor nutricional de productos con empaques que usan términos como “orgánico”, “artesanal”, “natural” o “sostenible”, en ese sentido, el diseño del empaque puede cambiar hasta en un 35% la percepción de calorías del producto.
El tema es preocupante porque en la mayoría de los países de Latinoamérica, este tipo de términos no tienen definición legal, lo que deja al consumidor completamente expuesto al criterio de cada marca.
El futuro de la comida será construido por agricultores, no por especialistas de marketing
500 millones de pequeños agricultores en el mundo producen el 70% de los alimentos que consume la humanidad, 80% de los alimentos consumidos en África y Asia proviene de pequeñas granjas familiares. En América Latina, la agricultura familiar representa el 80% de las unidades productivas agrícolas y produce el 70% de los alimentos que sustentan la región.
Estos son solo algunos de los datos más citados en la literatura relacionada con sistemas alimentarios que brinda la FAO.
Muchas veces se nos olvidan los conocimientos ancestrales. La agroforestería parecería tener una mucho mayor capacidad de disrupción en el ecosistema agrifoodtech que una plataforma de inteligencia artificial para optimizar la eficiencia productiva de un cultivo. Soluciones perfeccionadas por siglos por agricultores probablemente tengan una mayor adopción que algo inventado en una ciudad.
La publicación también señala que no hay marcas perfectas y tiene razón, finalmente son creadas por humanos y buscan acercarse a un propósito y una visión. En ese sentido, nos toca a los consumidores investigar más de ellas, conocer realmente sus procesos productivos y las condiciones en las que crean sus productos para, con información real y no de un primer vistazo a redes sociales, podamos tomar decisiones conscientes.
En un mundo como el que estamos viviendo, aunque parezca poco el esfuerzo individual, nunca está de más recordar que “un grano de arroz puede inclinar la balanza”. Busquemos que nuestro grano sea para impulsar marcas sociales y sostenibles, estamos en la hora del consumidor consciente, tomemos ese poder para el bien de todos.



