Empresas y comunidades logran proteger más de 41 mil hectáreas en la Sierra Gorda con modelo pionero de carbono
El modelo de acción climática impulsado por el Grupo Ecológico Sierra Gorda está consolidándose como uno de los casos más relevantes en México sobre cómo alinear incentivos económicos, política pública y participación comunitaria para la conservación ambiental.
A través del programa Carbono Biodiverso, empresas, gobierno y comunidades lograron proteger 41,261 hectáreas de bosque en la Reserva de la Biósfera Sierra Gorda, integrando a más de 161 propietarios privados, 10 ejidos y 3 comunidades agrarias.
Este crecimiento —que suma más de 10,000 hectáreas adicionales respecto al año anterior— confirma la escalabilidad de un modelo que combina conservación, desarrollo económico y acción climática.
Un mercado local de carbono con reglas propias
A diferencia de los mercados tradicionales, el esquema de Carbono Biodiverso no opera como un sistema de créditos de carbono.
“Los certificados de reducción de huella de carbono no son créditos de carbono. Son el resultado de una política pública”, explicó Patricia Ruiz Corzo, directora general de GESG.
El modelo se articula a través del Sello Querétaro, una iniciativa desarrollada junto con la Secretaría de Desarrollo Sustentable del Estado de Querétaro, que permite a las empresas compensar emisiones mediante incentivos fiscales.
Durante 2025:
- 47 empresas compensaron su huella de carbono
- Se agotó el inventario de predios disponibles dentro del programa
- Se consolidó un sistema con trazabilidad y monitoreo científico
Entre las empresas participantes se encuentran actores industriales como Dalegip México, COLEP, Aernnova y Cartones Ponderosa.
Incentivos fiscales que movilizan capital privado
El mecanismo financiero detrás del programa se basa en el Impuesto por la Emisión de Gases a la Atmósfera en Querétaro.
Las empresas que generan emisiones directas de CO₂ pueden:
- Pagar 5.6 UMA por tonelada (aprox. 637 pesos)
- Reducir hasta 20% de su base gravable
- Canalizar esos recursos a proyectos de conservación certificados
De acuerdo con Ricardo Torres, subsecretario del Medio Ambiente estatal, este modelo permite “control, trazabilidad y transparencia” en el destino de los recursos, fortaleciendo la confianza del sector privado.
Conservación que también reduce pobreza
Más allá de la captura de carbono, el programa genera impactos económicos directos en comunidades rurales:
- Pagos por servicios ambientales
- Impulso a actividades productivas regenerativas
- Fortalecimiento del tejido social
“El modelo requiere tejido social y organizativo. Es una solución basada en la naturaleza con impacto comunitario”, señaló Ruiz Corzo.
Actualmente, el esquema también articula una red económica local con:
- 62 microempresas comunitarias
- 377 personas beneficiadas directamente
- 90% de participación femenina en turismo rural
De la conservación a la economía regenerativa
El modelo ha evolucionado hacia la creación de cadenas de valor sostenibles. Un ejemplo es la inauguración del Centro de Acopio de Especies Aromáticas Aroma Vivo, una SAPI comunitaria que busca escalar la comercialización de productos derivados de plantas del semidesierto.
El proyecto:
- Beneficiará a más de 500 personas directamente
- Impactará a 1,600 habitantes en zonas de alta marginación
- Impulsa productos como aceites, jabones y extractos naturales
A esto se suma un sistema ambiental integral que incluye reciclaje, captación de agua de lluvia y tratamiento de residuos orgánicos.
Educación y certificación: la base del modelo
Uno de los pilares del programa es la educación ambiental, que alcanza a más de 10,000 niños al año, además de la capacitación de 1,200 docentes en alianza con el Tecnológico de Monterrey.
En paralelo, la región avanza en su posicionamiento global como destino sostenible, tras integrarse al programa EarthCheck, con el objetivo de obtener la certificación Plata.
De lograrlo, la Sierra Gorda podría convertirse en la primera área natural protegida del continente en alcanzar este nivel.
Un modelo replicable para México y América Latina
Después de casi cuatro décadas de trabajo, el siguiente paso para GESG es escalar el modelo hacia otras áreas naturales protegidas.
La clave: demostrar que la conservación puede ser económicamente viable para quienes habitan el territorio, alineando incentivos públicos, inversión privada y organización comunitaria.
En un contexto donde las soluciones climáticas buscan mayor efectividad y legitimidad, la Sierra Gorda se posiciona como un caso emblemático de cómo construir mercados locales de carbono con impacto real —ambiental, social y económico.




