Ponterra firma un préstamo por US$270 mil con Fondo Nimbus y pone a prueba un modelo que mezcla créditos de carbono y biodiversidad
Ponterra, desarrollador y operador de proyectos de reforestación con especies nativas en México y Panamá, cerró un financiamiento de US$270,000 con Fondo Nimbus para impulsar la fase inicial de La Esperanza, su proyecto de reforestación de 10,000 hectáreas en México.
Más allá del monto, la operación busca marcar un precedente en el mercado voluntario: el crédito fue estructurado para que el repago provenga de una combinación de capital inicial aportado por inversionistas de carbono y un porcentaje de ingresos futuros por la venta de créditos de carbono y de biodiversidad, una clase de activo todavía incipiente.
La transacción se alinea con el diseño del Biodiversity Bridge Vehicle (BBV), un vehículo de financiamiento en desarrollo con apoyo de la Catalytic Climate Finance Facility (CC Facility), que busca resolver un problema recurrente en soluciones basadas en naturaleza: la restauración y la verificación de biodiversidad agregan costos, pero aún existen pocos mecanismos “bancables” para incorporar ese valor en estructuras de proyecto.
La Esperanza: escala, empleo y un componente ganadero regenerativo
Ponterra plantea que La Esperanza —descrito como el proyecto ARR más grande del país— está diseñado para crecer hasta más de 100,000 hectáreas, convirtiendo suelos agrícolas degradados en bosque nativo, e integrando pastoreo rotacional para mejorar suelos y reducir erosión.
En su primera etapa (10,000 hectáreas), la empresa estima la plantación de más de 6 millones de árboles nativos de más de 50 especies, la creación de más de 200 empleos locales y un esquema de prosperidad comunitaria apoyado en empleo, capacitación y reparto de ingresos. El proyecto proyecta más de US$200 millones en beneficios comunitarios en los próximos 40 años.
Un “laboratorio” financiero para restauración
Para el inversionista, el atractivo de este tipo de estructuras es que usan el mercado de carbono —más establecido— como “ancla” y dejan a la biodiversidad como un componente adicional de valor conforme madure el mercado. Para los desarrolladores, el incentivo es destrabar capital temprano, cuando la ejecución del proyecto todavía concentra el mayor riesgo.
Directivos de ambas organizaciones señalaron que el objetivo es convertir el diseño en una ruta replicable para canalizar inversión de impacto hacia restauración a gran escala y que la biodiversidad pueda integrarse, con métricas y verificación, en arquitectura financiera invertible.
Con información de Ponterra




