HistoriasImpacto social y ambiental

Cuando el impacto deja de escalar y empieza a crecer

Hace unos días leí un documento que me dejó pensando más de lo habitual. Se titula Pathways to Scale: From the Deep y fue desarrollado por el equipo de The Systems Sanctuary. No habla de rondas de inversión, métricas de crecimiento ni estrategias de expansión. Habla de otra forma de escalar: una que se parece más a la manera en que crece la naturaleza.

En el mundo del emprendimiento y el impacto social solemos hablar de “escalar” como sinónimo de crecer. Más usuarios, más presencia, más alcance. Pero, ¿y si ese paradigma estuviera incompleto? ¿Y si escalar no fuera tanto extenderse como profundizar?

El documento propone una idea poderosa: que el impacto puede crecer no solo hacia arriba o hacia afuera, sino hacia adentro y hacia abajo. Que puede hacerlo tejiendo relaciones, fortaleciendo raíces y generando resiliencia. No como una línea que avanza, sino como un ecosistema que se expande.

Ahí aparecen conceptos inspirados en la propia naturaleza:

  • Escalabilidad micelial: crecer desde la confianza radical y la autoorganización.
  • Escalabilidad rizomática: tejer ecosistemas, no replicar modelos.
  • Sistemas de raíces de árbol: fortalecer raíces relacionales y estructurales.
  • Infraestructuras de aprendizaje: aprender juntos y legitimar el campo.
  • Cambio narrativo: transformar el lenguaje y el significado cultural.
  • Germinación: soltar el control y dejar que el liderazgo local florezca.
  • De lo profundo a lo alto: cuanto más arraigo, mayor alcance.

La propuesta no es romántica. Es profundamente práctica. En la naturaleza, las cosas crecen solo cuando hay condiciones: profundidad, tiempo, espacio, movimiento y vínculos. Nada florece sin raíces.

Quizá el futuro del impacto social no dependa de crecer más, sino de crecer mejor. De fortalecer los tejidos antes de replicar el modelo. De construir relaciones antes de medir resultados. De observar los procesos invisibles que hacen posible lo visible.

Si aceptamos esta idea, cambia también la forma en que evaluamos el impacto:
ya no se trata solo de contar beneficiarios o medir outputs, sino de entender la calidad de las conexiones, la capacidad de adaptación, el aprendizaje colectivo.

No es un llamado a detener el crecimiento, sino a redefinirlo.
A pasar del crecimiento cuantitativo al crecimiento vital.
Del impacto como expansión al impacto como tejido.

Y quizá, en ese cambio de mirada, encontremos lo que la naturaleza lleva siglos ensayando: que lo verdaderamente vivo no se impone ni se replica, se cultiva.

Carlos Arturo Aguilar

I am convinced that things can be better. And for that to happen, I am convinced that we need to learn how to learn and how to innovate for the greater good.

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