Cuando el cliente deja de ser fan y se convierte en troll
Enrique Uribe sabe bien que emprender es un viaje lleno de sorpresas. Como fundador y CEO de Disliz, una marca de relojes y coleccionables con sede en Houston y Ciudad de México, ha aprendido que el verdadero reto no solo está en diseñar productos creativos con personajes que despiertan nostalgia, sino también en manejar las expectativas de una comunidad apasionada.
Disliz nació como un estudio de diseño creativo con una misión clara: llenar los vacíos en el mercado de productos licenciados y ofrecer experiencias que los fans realmente desean. En pocos años han logrado alianzas con gigantes del entretenimiento como Nickelodeon, Peanuts, Marvel, Dragon Ball y Sesame Street, y han creado colecciones que conectan con varias generaciones. Aunque comenzaron con relojes, la visión de Enrique y su equipo es clara: expandirse a nuevas categorías de productos que mantengan vivo ese vínculo emocional con los fans.
Pero con ese nivel de cercanía llega también la vulnerabilidad. “Puedes ser el héroe 99 veces, pero si una vez no das la respuesta que alguien esperaba, esa persona olvida todo lo demás”, reflexiona Enrique. Y esa realidad se materializó en una experiencia concreta: un seguidor fiel durante dos años, que finalmente se convirtió en cliente, terminó atacando públicamente a la marca tras recibir una sugerencia de reparación más económica en un taller local.

La anécdota deja una lección valiosa para cualquier founder: la transparencia y la empatía no siempre garantizan gratitud. A veces, incluso las soluciones honestas pueden ser malinterpretadas. Y ahí surge la pregunta inevitable: ¿qué hacer cuando un cliente deja de ser fan y se convierte en troll?
Para Enrique, la respuesta está en no desviarse de la esencia de la marca. “Todo lo que hacemos en Disliz está diseñado para hacer felices a los fans, porque nosotros también lo somos. Ese es nuestro mantra: Time to #BeFeliz”. El aprendizaje es claro: enfocarse en la comunidad que sí comparte la pasión y seguir creando valor para ellos, entendiendo que en el camino siempre habrá ruido, pero también coleccionistas, soñadores y seguidores que aprecian la magia detrás de cada producto.




